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Ser original es volver a los orígenes

La célebre frase de Gaudí transmite una reflexión profunda sobre el verdadero sentido de la creatividad y la innovación que nos inspira

El arquitecto no se refería a la originalidad como algo extravagante o a lo “nunca visto”, sino como una reconexión con las raíces esenciales del arte, la naturaleza y la innovación.
Gaudí creía que la verdadera originalidad no era inventar desde cero, sino comprender profundamente las leyes naturales, los principios estructurales del mundo y las formas que ya existen en la naturaleza y en la historia. Para él, la innovación no debía alejarse de lo esencial, sino inspirarse en ello.

Estudiar la naturaleza

Para Gaudí, la naturaleza era la mejor maestra. Las formas orgánicas, geométricas, funcionales… ya están ahí, y entenderlas y reinterpretarlas era, para él, la verdadera innovación.

Beber de la tradición

En esto Gaudí coincidía con Chesterton, para quien respetar la tradición no es aferrarse al pasado por nostalgia, sino reconocer el valor y la sabiduría acumulada por generaciones anteriores.

Buscar la esencia, no la copia

Eliminar lo superfluo para revelar la esencia funcional y estética de un objeto o espacio. En lugar de añadir, busquemos depurar, simplificar y dejar solo lo necesario, dando protagonismo a lo esencial.

Volver al origen

En nuestra búsqueda de la innovación, reflexionamos sobre el papel de la motorización en la arquitectura como forma de comprender a fondo nuestros orígenes y así trazar con sentido el rumbo hacia el futuro.
La evolución de la Protección Solar ha estado estrechamente ligada al desarrollo de la arquitectura moderna y a la búsqueda del confort térmico y visual. Desde toldos manuales accionados a manivela hasta sofisticados sistemas conectados a aplicaciones, la motorización de estos sistemas ha recorrido un largo camino.
Desde las primeras civilizaciones, el ser humano ha buscado protegerse del sol. En el Egipto antiguo o en la Roma clásica, ya se empleaban telas o estructuras de sombra para cubrir mercados, viviendas o anfiteatros. No obstante, la Protección Solar como la conocemos hoy comenzó a popularizarse en el siglo XIX, especialmente en los entornos urbanos europeos, con el auge de los balcones y terrazas.

¿Sabías que?

La Domus Áurea de Nerón se considera el primer edificio motorizado de la historia.

Construida en el año 64 d.C, contaba con un innovador sistema motorizado para el comedor, que utilizaba agua para hacer girar una noria que permitía la rotación del suelo, ofreciendo a los invitados unas vistas extraordinarias y una experiencia única mientras disfrutaban de sus banquetes. Este mecanismo hidráulico es considerado uno de los primeros ejemplos de arquitectura motorizada en la historia.

En L'An 2000

París, 1899. Mientras la ciudad se prepara para el siglo XX, un grupo de ilustradores franceses se atreve a mirar más allá. Con lápiz, tinta y una imaginación desbordada, crean una serie de postales que imaginan cómo será el mundo en el año 2000.

En varias viñetas, se sugiere que las tareas del hogar estarán completamente mecanizadas. No vemos cocinas, escobas o lavanderas, sino máquinas que limpian, cocinan o sirven, integradas en el entorno. Las ventanas, persianas y cortinas, se accionan automáticamente, gracias a los inmensos interruptores que vemos a su izquierda en esta imagen.

Y es que ya soñábamos con automatizar la Protección Solar, antes incluso de saber que podía hacerse. A mediados del siglo XX, la motorización comenzó a cambiar por completo el panorama. En la década de 1950, aparecieron los primeros motores eléctricos adaptados a sistemas de Protección Solar, capaces de integrarse en ejes de persianas y toldos sin modificar su estructura externa.

Estos motores se accionaban mediante interruptores murales, lo que mejoraba notablemente la comodidad y eliminaba la necesidad de esfuerzo físico. Además, permitían una mejor gestión de grandes sistemas, como cortinas de fachadas completas o lamas orientables en edificios de oficinas.

Control remoto

Con la llegada de la radiofrecuencia (RF) en los años 90, se dio un nuevo salto tecnológico. Los sistemas cableados dieron paso a mandos a distancia, permitiendo un control más flexible y facilitando la instalación en obras nuevas y reformas. Paralelamente, se introdujeron sensores solares, anemómetros y detectores de lluvia capaces de actuar sobre el motor de forma autónoma.

Por ejemplo, si el viento superaba ciertos valores, el sistema recogía automáticamente el toldo para evitar daños. Este tipo de automatización mejoró la seguridad, aumentó la vida útil de los productos y ayudó a mantener una temperatura interior más estable, reduciendo el uso de climatización artificial.

Siglo XXI: motoriza, conecta, ahorra

La última gran evolución en la motorización de la Protección Solar ha llegado con su integración en sistemas domóticos y plataformas inteligentes. Hoy, los motores pueden controlarse desde un smartphone, vincularse a asistentes virtuales como Alexa o Google Home, e incluso aprender de los hábitos del usuario mediante inteligencia artificial. También hemos impulsado motores con alimentación solar, baterías recargables y consumos en reposo extremadamente bajos.

Hoy en día, la motorización no solo representa un avance en confort, sino también una apuesta por la eficiencia energética, la accesibilidad y el diseño arquitectónico. Los motores actuales se integran discretamente en la estructura de la fachada, sin cables visibles ni mandos físicos, lo que permite mantener una estética limpia y minimalista. La tendencia del sector apunta hacia soluciones aún más sostenibles, con materiales reciclables, menor consumo energético y plena compatibilidad con sistemas de climatización, ventilación y gestión energética del edificio.

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